París, la ciudad de mis sueños. Había estado ahí dos veces antes, nunca más de cuatro días, y sin embargo, la sentí tan familiar... quizá porque vive en mis fantasías y deseos. Me sentí como pez en el agua, como si nada llegamos al hotel las Chilindrinas y yo, no podíamos esperar a ver a mi mamá e iniciar el recorrido.
Ver a mi mamá fue muy emocionante, siempre lo es, pero esta vez lo fue más. Mi mamá no me había visto desde que supimos de Frijolito, así que tenía muchas ganas de ver si había cambiado algo, aunque al tener tan poquitas semanas, no esperaba demasiado. Poco se imaginaba que parecía que me habían dado levadura, la verdad es que demasiado pronto me inflé, no de forma bonita y tierna como muchas mujeres, no, yo sólo me convertí en una versión fun size del Stay Puft Marshmallow Man de los Cazafantasmas, algo nada halagador. Mi mamá primero se sorprendió, pero luego recordó que a otras mujeres de la familia les ha pasado así.
Después de bañarnos y quedar medianamente decentes después del largo viaje, nos dispusimos a recorrer la ciudad.
Honestamente, no me imaginé lo difícil que sería viajar en mis condiciones. Al no estar debidamente panzona, pensé que todo sería como siempre, pero no, todas las energías de mi cuerpo están enfocadas en crear una personita y lo que me queda no es suficiente para llevar a cabo itinerarios extenuantes y precisos, pero que no se diga que no lo intenté.
Así que con jet lag y agobiada por la náusea, comencé mi travesía en París con una quinceañera, una niña de once años y una mujer climatérica... sounds like fun, eh? Pues lo fue, mucho, pero eso no quitó lo difícil.
Del primer día no recuerdo mucho, después de dejar el hotel nos dirigimos a comprar los boletos para L'Open Tour, ya que ninguna de nosotras tenía antojo de andar en metro y autobús, y preferimos adoptar actitud 100% turista. Medio recuerdo que sugerí hacer todo el recorrido primero, a lo que todas aceptaron, y bajarnos en las paradas que quisiéramos tras la segunda vuelta. Pues bien, después del "y a su derecha la Opera Garnier" ya no supe más... me quedé dormidísima y las pobres Chilindrinas también mientras mi mamá tomaba fotos y veía todo de lo más ilusionada.
Lo que sí recuerdo muy bien es la primera comida, no por lo buena, sino por lo cara, y por el hecho de que, no sé por qué, nunca he tenido buena suerte en Francia a la hora de comer; o no sé a dónde ir, o no sé qué pedir, pero el caso es que siempre termino decepcionada o comiendo demasiado ordinariamente, nunca como algo que no sea dulce que me haga decir "esto no lo encuentras fuera de Francia", tal vez necesito más asesoría, pero la realidad es que a mí no me va bien comiendo en Francia, lo cual es una pena... supongo.
Al final ese día fue de lo más improductivo ya que yo era la encargada oficial del viaje y la única que hablaba francés, así que ante mi incapacidad de recorrer decentemente la ciudad, tuvimos que acortar el día que de todos modos, debido a nuestra hora de llegada, habíamos comenzado tarde y en el que solamente hubo un par de paradas de rigor para tomar fotografías.
Llegando al diminuto cuarto de hotel me recosté y comencé a platicar con mi mamá. Ya tendríamos tiempo de recorrer la ciudad como Dios manda, lo importante era que estábamos juntas otra vez y que yo había cumplido la promesa de hacía tantos años. Antes de cerrar los ojos seguíamos riendo de todo, del queso espantoso que ella había comprado el día anterior y que había apestado toda la habitación, lo cual me provocaba unas náuseas violentísimas, de los botecitos de Nutela que iba juntando en el desayuno para situaciones de "emergencia" (como la que se suscitó esa madrugada) y de mis ronquidos en el bus turístico. No cabe duda de que todo es más divertido, más fácil y mejor si mi mamá está a mi lado, sobre todo cuando está tan feliz de ser abuela.
Ver a mi mamá fue muy emocionante, siempre lo es, pero esta vez lo fue más. Mi mamá no me había visto desde que supimos de Frijolito, así que tenía muchas ganas de ver si había cambiado algo, aunque al tener tan poquitas semanas, no esperaba demasiado. Poco se imaginaba que parecía que me habían dado levadura, la verdad es que demasiado pronto me inflé, no de forma bonita y tierna como muchas mujeres, no, yo sólo me convertí en una versión fun size del Stay Puft Marshmallow Man de los Cazafantasmas, algo nada halagador. Mi mamá primero se sorprendió, pero luego recordó que a otras mujeres de la familia les ha pasado así.
Después de bañarnos y quedar medianamente decentes después del largo viaje, nos dispusimos a recorrer la ciudad.
Honestamente, no me imaginé lo difícil que sería viajar en mis condiciones. Al no estar debidamente panzona, pensé que todo sería como siempre, pero no, todas las energías de mi cuerpo están enfocadas en crear una personita y lo que me queda no es suficiente para llevar a cabo itinerarios extenuantes y precisos, pero que no se diga que no lo intenté.
Así que con jet lag y agobiada por la náusea, comencé mi travesía en París con una quinceañera, una niña de once años y una mujer climatérica... sounds like fun, eh? Pues lo fue, mucho, pero eso no quitó lo difícil.
Del primer día no recuerdo mucho, después de dejar el hotel nos dirigimos a comprar los boletos para L'Open Tour, ya que ninguna de nosotras tenía antojo de andar en metro y autobús, y preferimos adoptar actitud 100% turista. Medio recuerdo que sugerí hacer todo el recorrido primero, a lo que todas aceptaron, y bajarnos en las paradas que quisiéramos tras la segunda vuelta. Pues bien, después del "y a su derecha la Opera Garnier" ya no supe más... me quedé dormidísima y las pobres Chilindrinas también mientras mi mamá tomaba fotos y veía todo de lo más ilusionada.
Lo que sí recuerdo muy bien es la primera comida, no por lo buena, sino por lo cara, y por el hecho de que, no sé por qué, nunca he tenido buena suerte en Francia a la hora de comer; o no sé a dónde ir, o no sé qué pedir, pero el caso es que siempre termino decepcionada o comiendo demasiado ordinariamente, nunca como algo que no sea dulce que me haga decir "esto no lo encuentras fuera de Francia", tal vez necesito más asesoría, pero la realidad es que a mí no me va bien comiendo en Francia, lo cual es una pena... supongo.
Al final ese día fue de lo más improductivo ya que yo era la encargada oficial del viaje y la única que hablaba francés, así que ante mi incapacidad de recorrer decentemente la ciudad, tuvimos que acortar el día que de todos modos, debido a nuestra hora de llegada, habíamos comenzado tarde y en el que solamente hubo un par de paradas de rigor para tomar fotografías.
Llegando al diminuto cuarto de hotel me recosté y comencé a platicar con mi mamá. Ya tendríamos tiempo de recorrer la ciudad como Dios manda, lo importante era que estábamos juntas otra vez y que yo había cumplido la promesa de hacía tantos años. Antes de cerrar los ojos seguíamos riendo de todo, del queso espantoso que ella había comprado el día anterior y que había apestado toda la habitación, lo cual me provocaba unas náuseas violentísimas, de los botecitos de Nutela que iba juntando en el desayuno para situaciones de "emergencia" (como la que se suscitó esa madrugada) y de mis ronquidos en el bus turístico. No cabe duda de que todo es más divertido, más fácil y mejor si mi mamá está a mi lado, sobre todo cuando está tan feliz de ser abuela.

3 opinaron que:
... siii mi mamá también se puso fun size cuando esperaba a mi hermana... y eva en su segundo embarazo era otra... lo bueno es que la juventud te permite recuperarte rápido... contá más del paseo yo no he estado aún en Paris...
Hello señorita mama de frijolito!
no había podido leer con calma tu post, pero me da mucho gusto que el viaje haya ido bien.. lo que me preocupa es lo de tu casa, como que te robaron todo? pero tu estas bien?
Maravilloso, qué increíble, eres una mujer de plabra, tu hij@ estará bien, siempre.
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