A lo mejor parte de mi molestia es que en México no hay reglas como aquí, afuera de casa de mis papás durante casi una semana pasan niños, ya sin disfraz, a pedir no dulces sino dinero, gritando "¡¡queremos Halloween!!" a todo pulmón al punto que mi familia se esconde para que los dejen en paz; aquí, en cambio, sólo salen el 31 en la tarde y sólo piden dulces en las casas que tienen la luz exterior prendida, de lo contrario, ni se acercan. Me parece que en México más que adoptar la tradición, la deforman y mucha gente, en su tremenda necesidad, la aprovecha para poner a mendigar a sus hijos, lo cual en sí me parece triste y reprobable; otra nada más busca el pretexto para disfrazarse e irse de fiesta, lo cual no tiene nada de malo en sí, pero sí me entristece cuando la gente va dejando de lado el Día de Muertos.
En fin...
Aquí yo celebré las dos festividades con el Maple Pie y el Maple Timbit y debo admitir que me divertí muchísimo aunque una vez más descubrí que soy un fracaso absoluto para las manualidades, ya que de las tres calabazas, la mía fue la más fea (pero a mí no me ayudó el Maple Pie y sí ayudó al Timbit... eso es trampa, creo yo). Vean la foto y juzguen por ustedes mismos, sí, la más simplita es la mía, la del Maple Pie quedó muy padre a pesar de que él jura que la hizo al aventón y sin mucha inspiración (presumido).

Después de que el Timbit se fue a su casa con todo y calabaza, nosotros nos empezamos a preparar para la fiesta de disfraces al mismo tiempo que íbamos poniendo la ofrenda de Día de Muertos, que este año contó con la presencia de la mamá del Maple Pie. Llevo años cargando con mi papel picado, mi Catrina y mis adornitos y no he fallado ni uno solo en poner mi ofrenda, ni siquiera el año pasado cuando todavía no llegaba mi mudanza y tuve que poner un altar pelón con tal de no dejar pasar la fecha. Cómo me gusta poner ofrenda, me parece una manera muy dulce de recordar a los que no están, y siempre platico un poquito con mis muertitos para decirles que los extraño y que espero les guste lo que les dejo. Lo que más feliz me hizo esta ocasión fue ver el cariño con el cual el Maple Pie le puso una taza de café y fruta a su mamá y juguetes y dulces a su hermanita y su sobrino; parece que él es más abierto a mis tradiciones que yo a las suyas, lo reconozco.

Cuando oscureció, le entró la culpa de no haber comprado dulces para los niños porque dice que cuando él era pequeño todos los vecinos tenían la luz prendida para que pasaran con su bolsita a decir "trick or treat!!" y que se le hacía de malas personas aguarle la fiesta a los niños, así que nos fuimos al súper a comprar chocolates para los que fueran a pasar. Oh gran desilusión para él, en nuestra cuadra no pasó NADIE y ahí nos quedamos plantados con nuestros 20 dólares en chocolates y nuestra luz prendida. A mí me dio cosita verlo tan decepcionado, pero concluimos que el desdén no había sido intencional sino producto de varios factores:
1. Vivimos en unos condominios horizontales donde habita puro viejito cascarrabias y ninguna casa tenía la luz prendida, así que seguramente no valía la pena para los niños tomarse la molestia de pasar a nuestra calle.
2. Hacía mucho frío y amenazaba con llover.
3. Entre alergias y gente loca, a los papás cada vez les da más miedo exponer a sus hijos a que algún mal vecino les de un dulce que los pueda matar por tener rastros de nueces o alguna sustancia rara y dañina.
4. En este pueblo casi no hay niños.
La que también se quedó vestida y alborotada fue la Xuniabeja, noten su cara de decepción:
Total que nos seguimos arreglando para la fiesta. Al principio queríamos irnos disfrazados de Hugh Heffner y conejita de Playboy porque se nos hacía muy simpática la idea dado el enorme tamaño de mi panza (sí, ya sé, somos muy raros), sin embargo, la misma panza se interpuso en los planes porque no hubo nada que me quedara y terminamos comprando disfraces de dioses griegos que funcionaron muy bien para nuestra enorme figura (y digo nuestra porque el Maple Pie, muy solidario él, también se ha echado varios kilos encima con mi embarazo).
Los disfraces fueron un éxito y la fiesta también, nos divertimos como enanos y yo hasta bailé salsa y merengue con muchas ganas un rato hasta que me marée y me dolieron los pies... y es que imagínense bailar con esto a mitad del cuerpo:

Fuimos de los primeros en irnos por ahí a la 1 de la mañana. Cuando llegamos a la casa el Maple Pie preguntó si ya habían llegado nuestros familiares a comer y beber en la ofrenda... es un bombón.
Ayer que quitamos la ofrenda me dijo que le daba tristeza tener que quitarla, pero que lo bueno es que lo haremos todos los años. Repito, es un bombón.


