Monday, December 7, 2009
Observaciones del Maple Pie sobre México
Friday, November 20, 2009
Ya llegamos
Wednesday, November 4, 2009
Llegó el 3 de noviembre
A lo mejor parte de mi molestia es que en México no hay reglas como aquí, afuera de casa de mis papás durante casi una semana pasan niños, ya sin disfraz, a pedir no dulces sino dinero, gritando "¡¡queremos Halloween!!" a todo pulmón al punto que mi familia se esconde para que los dejen en paz; aquí, en cambio, sólo salen el 31 en la tarde y sólo piden dulces en las casas que tienen la luz exterior prendida, de lo contrario, ni se acercan. Me parece que en México más que adoptar la tradición, la deforman y mucha gente, en su tremenda necesidad, la aprovecha para poner a mendigar a sus hijos, lo cual en sí me parece triste y reprobable; otra nada más busca el pretexto para disfrazarse e irse de fiesta, lo cual no tiene nada de malo en sí, pero sí me entristece cuando la gente va dejando de lado el Día de Muertos.
En fin...
Aquí yo celebré las dos festividades con el Maple Pie y el Maple Timbit y debo admitir que me divertí muchísimo aunque una vez más descubrí que soy un fracaso absoluto para las manualidades, ya que de las tres calabazas, la mía fue la más fea (pero a mí no me ayudó el Maple Pie y sí ayudó al Timbit... eso es trampa, creo yo). Vean la foto y juzguen por ustedes mismos, sí, la más simplita es la mía, la del Maple Pie quedó muy padre a pesar de que él jura que la hizo al aventón y sin mucha inspiración (presumido).

Después de que el Timbit se fue a su casa con todo y calabaza, nosotros nos empezamos a preparar para la fiesta de disfraces al mismo tiempo que íbamos poniendo la ofrenda de Día de Muertos, que este año contó con la presencia de la mamá del Maple Pie. Llevo años cargando con mi papel picado, mi Catrina y mis adornitos y no he fallado ni uno solo en poner mi ofrenda, ni siquiera el año pasado cuando todavía no llegaba mi mudanza y tuve que poner un altar pelón con tal de no dejar pasar la fecha. Cómo me gusta poner ofrenda, me parece una manera muy dulce de recordar a los que no están, y siempre platico un poquito con mis muertitos para decirles que los extraño y que espero les guste lo que les dejo. Lo que más feliz me hizo esta ocasión fue ver el cariño con el cual el Maple Pie le puso una taza de café y fruta a su mamá y juguetes y dulces a su hermanita y su sobrino; parece que él es más abierto a mis tradiciones que yo a las suyas, lo reconozco.

Cuando oscureció, le entró la culpa de no haber comprado dulces para los niños porque dice que cuando él era pequeño todos los vecinos tenían la luz prendida para que pasaran con su bolsita a decir "trick or treat!!" y que se le hacía de malas personas aguarle la fiesta a los niños, así que nos fuimos al súper a comprar chocolates para los que fueran a pasar. Oh gran desilusión para él, en nuestra cuadra no pasó NADIE y ahí nos quedamos plantados con nuestros 20 dólares en chocolates y nuestra luz prendida. A mí me dio cosita verlo tan decepcionado, pero concluimos que el desdén no había sido intencional sino producto de varios factores:
1. Vivimos en unos condominios horizontales donde habita puro viejito cascarrabias y ninguna casa tenía la luz prendida, así que seguramente no valía la pena para los niños tomarse la molestia de pasar a nuestra calle.
2. Hacía mucho frío y amenazaba con llover.
3. Entre alergias y gente loca, a los papás cada vez les da más miedo exponer a sus hijos a que algún mal vecino les de un dulce que los pueda matar por tener rastros de nueces o alguna sustancia rara y dañina.
4. En este pueblo casi no hay niños.
La que también se quedó vestida y alborotada fue la Xuniabeja, noten su cara de decepción:
Total que nos seguimos arreglando para la fiesta. Al principio queríamos irnos disfrazados de Hugh Heffner y conejita de Playboy porque se nos hacía muy simpática la idea dado el enorme tamaño de mi panza (sí, ya sé, somos muy raros), sin embargo, la misma panza se interpuso en los planes porque no hubo nada que me quedara y terminamos comprando disfraces de dioses griegos que funcionaron muy bien para nuestra enorme figura (y digo nuestra porque el Maple Pie, muy solidario él, también se ha echado varios kilos encima con mi embarazo).
Los disfraces fueron un éxito y la fiesta también, nos divertimos como enanos y yo hasta bailé salsa y merengue con muchas ganas un rato hasta que me marée y me dolieron los pies... y es que imagínense bailar con esto a mitad del cuerpo:

Fuimos de los primeros en irnos por ahí a la 1 de la mañana. Cuando llegamos a la casa el Maple Pie preguntó si ya habían llegado nuestros familiares a comer y beber en la ofrenda... es un bombón.
Ayer que quitamos la ofrenda me dijo que le daba tristeza tener que quitarla, pero que lo bueno es que lo haremos todos los años. Repito, es un bombón.
Friday, October 30, 2009
Oh no, otra vez es Halloween... pero también llegó el Día de Muertos
Este año, me toca entrarle más a la celebración gracias al Maple Pie y al Maple Timbit, que pasará medio Halloween con nosotros antes de irse a su casita, y luego iremos a una fiesta de disfraces de adultos.
Ayer compramos tres calabazas enormes que decoraremos hoy con el Timbit, las convertiremos en las dichosas Jack O'Lantern cuyo origen y demás, que por cierto ningún canadiense me pudo explicar, pueden consultar aquí. A mí lo que me da terror es el potencial desastre que vaciar las calabazas puede ocasionar, pero ni modo de arruinarle la diversión a los güeritos. Ya veremos qué tal me queda, luego subo las fotos.
Confieso que lo que sí me emocionó fue comprarle un disfraz de abejita a Xuni; a mí me encanta disfrazarla a la menor provocación, y como ahora hay tantas opciones, no pude evitar caer en la tentación de hacerla lucir chistosita para la ocasión. Para los preocupados por la crueldad animal, diré que a Xuni le gusta ponerse ropita, supongo que lo que le gusta es llamar la atención y que la gente diga "aaaaw" cuando la ve, así que cuando vio el disfraz saltó de alegría. Prometo fotos de Xuniabeja también.
El Maple Pie y yo teníamos una idea muy clara de nuestro disfraz, pero es ridículo lo caros que son en Canadá, en Detroit son muchísimo más baratos, pero como no tenemos tiempo de ir a EEUU, tendremos que arreglárnoslas con un presupuesto modesto ya que me rehúso a pagar un dineral por algo que sólo vamos a usar una vez (este razonamiento NO aplica para vestidos de novia, aclaro). No prometo fotos porque el Maple Pie dice que a él eso del disfraz es lo que más le molesta de Halloween (no entiendo qué es lo que sí le gusta entonces porque aparentemente el 80% de la festividad está en los disfraces... en fin).
Hoy por la tarde terminaremos con los preparativos para todo lo que tenemos que hacer: las calabazas, disfrazar a Xuni y al Timbit para ir a pedir dulces y disfrazarnos nosotros para ir a nuestra fiesta en la noche. A mí todo esto más bien me parece un despilfarro de dinero, pero como voy a tener una niña "mixta" más me vale ir aceptando el Halloween para cuando me toque llevarla de casa en casa a pedir dulces- individualmente empacados-no caseros- sin trazas de nueces o cacahuates como dicta la tradición, digo la ley. Yo mejor no voy a dar dulces para que no me demanden.
Por supuesto que a cambio de despanzurrar una pobre calabaza puse al Maple Pie a ayudarme a poner la ofrenda en la casa, le expliqué el significado y le enseñé las fotos de la gente a la que cada año le pongo lo que más le gustaba comer y beber. A él le gustó mucho la tradición y me pidió poner a su mamá, su hermana y su sobrino, así que buscamos fotos y las pusimos junto a las de mi familia para que compartan la ofrenda que terminaremos de ponerles mañana.
La verdad me gusta mucho ver cómo el Maple Pie mira hacia la ofrenda y ve la foto de su mamá con cariño y con esa melancolía del que nunca deja de extrañar, y a él le gustó la idea de que por un día ella lo visite y disfrute de lo que preparó. Él bien dice que nuestros muertitos nunca nos dejan, pero honrarla todavía más un día le hace mucha ilusión.
A mí lo que me gusta de Día de Muertos es que te da un momento más para pensar en los que se fueron, para demostrarles tu cariño una vez más, para decirles que siguen presentes en tu corazón y que no se te olvida lo que les gustaba. Por eso le pongo cigarros y tequila a mi abuelito paterno, dulces y juguetes a la hermana que no conocí, un vaso de Coca- Cola a la abuelita de DG, tamalitos a mi bisabuelo, pan de muerto a mi tía Vicky, chocolates para mi tía Virginia... y la mera verdad, también le pongo ofrenda a Sansón, un rottweiler que adorábamos y en cuyo honor nombramos Dalillah a mi bóxer adorada, cada año va para él un platito con croquetas y otro con agua.
Independientemente de dónde esté, pretendo celebrar siempre el Día de Muertos, para recordar a los míos y para honrar la cultura de la que tan orgullosa estoy. Espero que mi Frijolita no rompa la tradición sin importar a dónde la lleven sus pasos.
Los dejo con una foto de la ofrenda del changarro, que quedó mucho mejor que la pasada y sin ayuda externa... vamos progresando.

Más sugerencias para el curso de Diplomacia para con embarazadas
11. Por muy cercanos que sean a la embarazada, o quizá por ello mismo, hacerle comentarios humorísticos sobre lo enorme que está, como decir que se parece a Carstens o que parece que va a tener trillizos, los pone en la lista negra, aunque sea de manera temporal. A ver, métanse todo un ser humano en el vientre y me cuentan si se ven tan delgaditos. Y sí, ya sé que lo estás leyendo, y sí, sí me sentí mucho contigo :(
Friday, October 23, 2009
War Wounds
El sábado lloré durante una hora completita, primero sola frente al espejo, después abrazada del Maple Pie quien intentaba consolarme sin mucho éxito y después por teléfono con mi mamá hasta que ella me puso un alto.
Lloré y lloré porque todos estos meses me he puesto mucha crema, de las marcas más caras, de las que se supone que son más efectivas; he comido mucho salmón y he tomado mucha agua, me he aguantado la terrible comezón y no me he rascado, y con todo y todo, ahí estaban, como salidas de la nada, como si hubiera sido la más negligente de las mujeres, rojas y enormes: estrías en la parte inferior de mi abdomen.
Me las descubrí justamente poniéndome una de esas cremas caras en las que tanto tiempo y dinero he invertido, justo cuando estaba frente al espejo inspeccionando todos los cambios radicales que mi cuerpo ha experimentado, exactamente cuando levanté un poquito mi panza para verla más de cerca. Ahí estaban y yo rompí en llanto casi inmediatamente ¿cómo era posible después de tantas precauciones tomadas? Continué inspeccionándome más detenidamente y me vi tal cual soy actualmente: con la cara un poco más hinchada de lo normal, con las pecas más oscuras, con manchitas que antes no existían, con algunas espinillas de esas que nunca me salieron en la adolescencia, con un pecho enorme y adolorido que también tiene algunas estrías con las que ya me estaba aprendiendo a reconciliar, un abdomen enorme que adoro, pero con una línea oscura en medio que no me gusta mucho, un ombligo muy chistoso que no se ha botado aún y el hoyito de mi piercing un poquito más grande, unas caderas que se ensancharon a más no poder, piernas que no reconozco y pies que aumentaron un número y medio de tamaño. Mi cuerpo, es otro cuerpo.
El llanto iba en aumento mientras más me observaba, después de tantos años de ejercicio, dietas, de obsesionarme con cómo me veo, de cremas, de masajes, de todo tipo de medidas drásticas y dolorosas, ahí estaba mi pobre cuerpo hecho un desastre. Lo peor de todo es que nunca me sentí a gusto, ni cuando pesaba 48 kilos y tenía el abdomen duro, ni cuando pesaba 52, ni cuando era talla 0 ni 2 ni 4 ni nunca; siempre me critiqué duramente, siempre quería más, como si una pudiera ir contra sus genes y su constitución natural. Pero nada de eso importa más, porque nunca voy a volver a tener ese cuerpo que tuve a los 21, ni el de los 25… vamos, ni el de los 26.
Me fui a mi cuarto a seguir llorando, la verdad es que el aumento de peso no me tiene tan preocupada, ya me inventaré una de mis dietas asesinas y bajaré todo lo subido y más, tampoco voy a decir que no me he dado gusto comiendo bien y que no he disfrutado el volver a probar la leche entera, la mantequilla y el azúcar de verdad, entre otras muchas cosas que llevaba años sin comer, pero esas marquitas en mi abdomen… esas no se quitan –pensé que se prevenían- y la elasticidad de mi piel no sé si permita que todo se vuelva acomodar en su sitio. Ya me veía despidiéndome para siempre de los bikinis y de la ropa pegadita.
El Maple Pie me vio llorando y primero se asustó, pero al conocer la razón comenzó a reírse un poquito mientras yo pensaba con un poquito de amargura “sí claro, como no es tu abdomen ¿verdad?”. Trató de consolarme diciéndome que debería estar orgullosa de mi cuerpo porque se ha convertido en la casa de nuestro bebé, y que cada que mi abdomen se estira significa que ella crece más y más, sana y preciosa, pero que también debería pensar que nunca me he visto tan hermosa como ahora, que le encanta cómo me veo y que está muy agradecido conmigo por dejar que mi cuerpo pasara por tantos cambios para darnos una hija.
Tiene razón, lo sé, y el que tu pareja piense que sigues siendo la mujer más preciosa del mundo aunque tú te sientas como los hipopótamos de Fantasía vale muchísimo, pero no lo neguemos, la imagen que una tiene de una misma es la que al final cuenta más y yo seguía llorando por mis nuevas estrías.
Le llamé entonces a mi mamá, que obviamente al mismo tiempo me estaba marcando al celular porque presentía que quería hablar con ella, y le conté mi triste descubrimiento en espera de que me consolara y me dijera que después ya veíamos qué me embarraba o con qué cirujano me llevaba, pero no, para mi sorpresa me dijo “ay no no no, tú no me vengas con eso, no puedes caer en la bola de estereotipos que todo el tiempo nos están metiendo en la cabeza, sí mi reina, sí, tu cuerpo no va a ser el mismo nunca más porque lo estás entregando para que alguien tenga vida ¿no te das cuenta? Esas estrías son tus cicatrices de guerra, que todas las mamás deberíamos de portar con orgullo porque indican que trajimos a un ser humano al mundo. Sí, cuídate, embárrate lo que quieras y luego haz mucho ejercicio, pero no andes elucubrando con cirugías ni medidas drásticas y bizarras que duelen, cuestan y ni quedan tan bien como dicen. Y ya sé, seguro me estás culpando porque apuesto a que ya leíste que las estrías son un tanto hereditarias y que si tu mamá tuvo tú también… pues sí mi niña, ni modo, te heredé las estrías y te heredé otras cosas que no te gustan, pero soy una mujer inteligente, fuerte y trabajadora y eso también te lo heredé ¿o qué, preferirías ser una tarada cualquiera? No, mi niña no, yo amaba mis estrías de la panza, tenían forma de sol y cuando eran chiquitos me las acariciaban y me pedían perdón cuando yo más bien les daba gracias por haber dejado una huella de su paso por mí. No seas tonta, no me decepciones, a TODAS les salen, a unas más a otras menos, deberíamos de verlas como algo normal en lugar de odiarlas tanto y seguir persiguiendo un ideal imposible. Quiere mucho a tu cuerpo y dale gracias por el regalo que te va a dar en unos meses”.
Zas, esa no me la esperaba, pero sé que mi mamá tiene razón y aunque me cueste aceptar mis nuevas líneas y me cueste trabajo imaginar que ya no me voy a ver como antes, sé que son la huella de un proceso que se vivió dentro de mí. El que casi todas las mujeres del mundo lo vivan, no lo hace menos increíble, cargar a un ser humano dentro no es cualquier cosa, tan es así que al final nos quedan cicatrices en la piel y una gran marca en el corazón.
Wednesday, October 14, 2009
15 de septiembre
Ya pasó un año y casi un mes desde el día que me bajé del avioncito aquél que me mataba de terror para conocer a mi jefe, del viaje de una hora en coche hasta el Tomatito durante la cual me percaté de que en verdad estaba llegando a un medio completamente rural y de esperar a mis papás en el único hotel de cadena que existe en el pueblo (yo llegué por Toronto, ellos llegaron por Detroit).
Trato de recordar esa sensación que uno tiene cuando todo es nuevo, cuando hay que explorar un lugar para conocerlo, cuando ves por primera vez el Seven Eleven que después verás todos los días rumbo al trabajo, cuando sigues viviendo con sólo una maleta, sin cocina y sin nada que te de aunque sea una remota sensación de hogar. No importa si no logro recrear esa sensación ahora porque sé que la volveré a sentir muchas veces en mi carrera, pero sí quería recordar lo que era llegar a un lugar sin saber qué es lo que va a pasar porque pasó mucho, muchísimo desde ese día.
Llegué desde México, pero antes de llegar a mi país pasé una semana con el Scone en Manchester, lo recuerdo bien, tan bien como recuerdo que el mismo día que me fui a Tomatito hablé con CJ para hacerle saber que ya podía seguir cada quién con su vida porque yo ya había conocido a alguien más sin saber que nuestro estira y afloja todavía duraría meses. Recuerdo que después de verlo me fui a comer con Bob Esponja y Calomardo al restaurante argentino que más me gusta y que después ellos me fueron a llevar al aeropuerto. Recuerdo que mis papás habían salido mucho más temprano rumbo a Detroit y que mi hermano nos plantó a la mera hora a todos para quedarse con su novia a celebrar el Grito, lo que nos indignó y enojó muchísimo.
Recuerdo que pasé los primeros días recorriendo el pueblito con mis papás, buscando casa, tratando de imaginar cómo sería mi vida después de su partida, acompañándome a comprar mi Iphone, pasándosela a gusto conmigo, sin la angustia que sintieron tres años atrás cuando me fui a China. Creo que se fueron contentos, y yo al final me quedé sola de nuevo.
Recuerdo los primeros días, o meses, en el changarro, cómo me veían con recelo mis compañeros, cómo me tuve que ganar su confianza, cómo el que menos me aceptaba al principio es con el que mejor me llevo ahora. Nunca me imaginé todo lo que pasaría en ese lugar meses después, los problemas, las mentiras, las intrigas, las confrontaciones... tampoco imaginé que eventualmente la calma volvería y que todo caería en su lugar (al menos por el momento).
En un año pasó de todo, conseguí una casita que quedaba a la medida de una mujer soltera, recibí mi mudanza intacta desde China aunque la de Aduanas me hizo llorar, recibí no una, sino dos, visitas intempestivas de CJ en su intento desesperado por salvarnos cuando en verdad ya no había nada qué salvar, me fui otra vez a Manchester a visitar al Scone para terminar desilusionada de nuevo (pero lo bailada nadie me lo quita), recibí la visita de mi mamá, las Chilindrinas y sus papás en Navidad, otra vez traté de salvar lo que quedaba de mi relación con CJ sin éxito alguno, conocí al Maple Pie, se mudó conmigo, ascendí en el gremio, descubrí que estaba embarazada, me fui un mes a Europa de viaje con mi mamá y las Chilindrinas, hice un curso de un mes en Londres, robaron nuestra casa, volví a Canadá, nos mudamos a otro lugar, fui una semana a México, me despedí para siempre de CJ, volví a mi nueva casita y ahora espero pacientemente que llegue el día en que me vaya a México a que nazca mi bebé.
Hace un año llegué soltera, confundida entre dos hombres que no eran buenos para mí, muy cansada de tres años en China, con muchas ganas de reventón, y poco tiempo después me convertí no sólo en futura mamá sino en madrastra, en compañera de un hombre que no es perfecto y que ha vivido muchas cosas, buenas y malas, que a mí todavía me faltan, pero que me quiere como soy, me entiende, me acepta, me hace reir y cocina rico y al que yo quiero y acepto sin importarme su pasado porque puedo ver mucho más allá, porque sé que es un hombre bueno, un buen padre, alguien con quien vale la pena estar, alguien con quien quiero estar.
Siempre supe que era citadina de corazón, pero un año en un pueblito como este me ha convencido absolutamente de que no estoy hecha para vivir lejos de donde están los museos, centros comerciales, universidades, edificios altos, el tráfico y... sí, los Starbucks. Hace un año no conocía la nieve y la esperaba con ansia, hoy me da mucha pereza pensar en que ya llegó la época de los abrigos abultados, las botas de suelas enormes, los resbalones y las palas.
Hace un año que llegué a Tomatito y con todo y todo, para ser justos, me ha dado mucho más de lo que yo esperaba en el terreno personal, pero por mi bien y el de mi nueva familia, espero de todo corazón que mi próximo aniversario aquí lo celebre entre órdenes de traslado y cotizaciones de mudanzas. Suena difícil, pero echándole un vistazo a todo lo que pasó en un año, me queda claro que todo puede pasar.

